No concibo otra definición de adulto que esta: es adulto aquel que, cualquiera sea su edad, ha perdido a alguien.

Michel Tourner

El proceso de acompañamiento que requiere una persona que está viviendo un duelo es cosa seria. La muerte es tan natural como la vida y puede ocurrir en cualquier momento, por lo tanto todos tenemos a alguien en nuestro circulo que ha experimentado alguna pérdida.

En el escrito a continuación voy a hacer mi mayor esfuerzo por no generalizar demasiado, porque todas las pérdidas tienen significado o importancia por el simple hecho de ser un proceso único y personal, donde cada quien le imprime y elige la importancia que tiene en su vida. Pero lamentablemente en estas pocas letras no puedo ahondar tanto como quisiera.

Las pérdidas que son determinantes te cambian la vida de una u otra forma y el golpe es más contundente según el lugar que la persona fallecida ocupa en tu vida. Es por eso que hay algunas pérdidas que pueden ser fatales para la persona que la experimenta. Así que no podemos tratar a todas las pérdidas por igual. Por eso quiero hacer lo posible por explicar a groso modo las diferentes clases de pérdidas que puede experimentar una persona:

Perder a alguno de sus padres o un familiar muy importante:

Esto es algo que la mayoría vamos a vivir en algún momento. Si vivimos lo suficiente, nos va a tocar enterrar a nuestros padres tarde o temprano. Una de las principales cosas que se experimenta en este fatidico momento es la pérdida de identidad. No importa que tan adulto seas, cuando tu papá, o tu mamá mueren, vas a sentir que una parte de ti murió con ellos y esto se debe en parte, a que somos el resultado de la mezcla de nuestros padres (junto con algunos ingredientes más) y cuando mueren, ocurre un corte de algo que era vital en la construcción de quien somos, y quizás se experimente esa pérdida de identidad de la que hablo. Así que sin importar la edad que tengas, cuando alguno de tus padres muere eres huérfano y esto es un sentimiento profundamente doloroso que te lleva a una nueva etapa de vida y a una búsqueda exhaustiva de algo que sientes perdido.

Pérdida de una pareja:

Este punto podriamos dividirlo en dos: cuando la otra persona muere, o cuando simplemente ocurre una ruptura (ambos se sienten muy parecidos). En esta oportunidad hablaré de cuando la otra persona muere. Los seres humanos depositamos en la pareja un sinfin de anhelos, esperanzas, confianza y expectativas,  que obedecen a todo ese bagaje emocional que traemos a cuestas. Una de las cosas que hago cuando trabajo con personas que vienen con historias de fracasos amorosos repetitivas, es ayudarlos a limpiar toda esta mochila emocional e histórica que de alguna forma los ha predeterminado para elegir personas que simplemente no van con ellos, o no les hacen bien. Entonces, cuando una persona que amas muere sientes que el mundo se ha terminado, no hay nada más que hacer y la vida llegó hasta el día en que la otra persona dejó de tener signos vitales. No es un sentir exagerado, realmente se siente de esta forma y la verdad es que hay un poco de razón en esto. Cuando compartes una vida de pareja con una persona llegas a hacerte uno, ahora no son solo tus planes sino los de la otra persona también, no cocinas para ti sino para los dos, no piensas en hacer cosas sin incluir al otro de alguna forma y ahora tu vida es compartida, cuando la pareja muere esta vida compartida termina y es un reto comenzar a vivirla desde la individualidad.

Perder a algún amigo o amiga:

Aquí hay diferentes niveles de intensidad, dependiendo de la intimidad que se tenía con esta persona. Por ejemplo, hace años yo perdí a una persona que era mi amiga, mi consejera, mi madre, mi mentora y hermana, todo al mismo tiempo y  el día del entierro yo literalmente quería meterme en la urna con ella y que nos enterraran juntas. Así me sentía, era un dolor que no me dejaba respirar. Perder a algún amigo es un proceso que pone a prueba tu capacidad para confiar de nuevo. Si hay algo importante que brinda la amistad, es confianza. Por eso cuando pierdes a un amigo generalmente no tienes deseos de confiar en nadie, ni de entregarle tu historia de vida a nadie más. Se te quitan las ganas de comenzar una nueva relación con otras personas y en ocasiones comienzas a desear no tener la necesidad de tener más amigos, prefieres no volver a experimentar una pérdida de tal envergadura porque duele demasiado.

Traté de ser lo más especifica posible pero si continuo tendria que escribir un libro, porque la realidad es que cada cabeza es un mundo, cada historia es diferente y cada reacción es distinta, pero generalmente ocurren algunas de las cosas que aquí plantee.

¡Ajá pero a todas estas aún no sé qué hacer con esa persona que quiero ayudar!

Que no panda el cúnico, ahí voy justo a explicar esto…

Te voy a regalar algunos tips que te van a ayudar a la hora de ser un apoyo para esa persona que quieres ayudar. Una cosa si es importante, la persona te tiene que importar. Esto no es una fórmula mágica que aplicas y todo sale bien (si así fuera la habría vendido) esto es algo que tiene sus altas y bajas y en ocasiones funciona y otras no, entonces lo más importante es que te importe la persona, que haya amor de por medio, que de verdad quieras ayudarle y no simplemente aplicar algo para salir del paso.

¡Tip number one!

Por nada del mundo empujes a la persona a sanar su herida o sus emociones en el tiempo que tú crees que debería sanar. Primero porque no sabes cuál es el tiempo adecuado y segundo porque ¿qué es eso de estar empujando a la gente a trabajar cosas que no desea, o no puede trabajar? eso no es así. Cada quien tiene un tiempo para manejar sus heridas y en dado caso es un terapeuta quien podria llevar este proceso, ya que es quien conoce en detalle acerca de las etapas y sus tiempos aproximados y aun asi, en cuanto al trabajo con las personas no hay reglas rígidas sino todo lo contrario, entonces por favor no digan cosas como:

  • Ay pero ya ha pasado mucho tiempo ¿no crees que deberías dejar de llorar?
  • Me preocupas, tienes mucho tiempo en este duelo, ya hay que salir de allí.
  • Bueno ya pasó, ahora hay que hacer otras cosas nuevas.

Ninguna de estas palabras ayuda realmente al proceso de duelo. Así que si nos preocupa que una persona haya estado, según nosotros, mucho tiempo mal. Podemos motivarlas a trabajar sus vidas con otras palabras:

  • Es comprensible que aún te duela la pérdida, pero cuando estés listo para trabajarlo, yo voy a estar allí para ayudarte.
  • Te quiero y deseo que puedas vivir este proceso de forma saludable, así que si me necesitas aquí estaré.
  • Es comprensible que aún te sientas así, pero quizás hay otras formas de ver esta situación ¿quieres que las veamos juntos?

¡Tip number two!

No quieran quitar siempre el foco del dolor

A muchas personas les asustan las emociones negativas de los demás. Mi teoría conspirativa es que les asustan también las propias y por eso eligieron mutearlas. Entonces al verlas reflejadas en los demás, tienen la necesidad de desbloquear esas emociones que guardaron dentro de si, para poder realizar una acción por el otro que sufre. Pero no todos están dispuestos, así que prefieren consolar desde lejos con un palito y no meterse mucho en el asunto, pero podemos ahondar de esto en otro post. El punto es que el dolor ajeno no debe asustarnos. Es cierto que te enfrenta con tu propio dolor de alguna forma, y que para ayudar a la persona realmente vas a tener que hacer esa conexión contigo y dejarla fluir. Pero mínimamente, si no deseas realizar este trabajo interno personal, al menos por favor no trates de distraer a la otra persona del dolor que está experimentando, porque vivirlo es uno de los pasos fundamentales que necesita hacer para avanzar en su proceso de duelo.

Frases como:

  • Bueno pero tienes que hacer cosas nuevas, distraerte un poco.
  • Ya pasó, vamos a (inserte aquí la actividad que quieren) para que se te pase.
  • Bueno pero no te pongas mal, esas cosas pasan, relájate un poco.
  • Mejor vamos a distraernos un rato.

Algunas veces lo que la otra persona desea es llorar y ser escuchado, nada más. No quiere distraerse, quiere sentir el dolor, vivirlo, llorarlo, y si le propones distraerse lo que haces es ponerle un tapón a algo que se está desbordando, en algún momento va a colapsar. En cambio puedes cambiar tus palabras por estas:

  • Que difícil lo que estás viviendo, cuéntame cómo te sientes, te escucho.
  • Guao, es una situación súper dura, ¿te parece si me cuentas mientras tomamos algo?
  • Estás en todo tu derecho de sentirte mal, no es para menos. Estoy aquí, puedes llorar lo que quieras.
  • Estoy aquí para que hagamos lo que quieras hacer, tú eliges.

Todo se trata de empatía y de mostrar verdadero interés por el otro. A veces las personas solo necesitan hablar un rato, recordar al ser amado y hablar de él, llorar sabiendo que tienen a alguien a su lado y con solo eso ya se sienten mejor. No impidas la emoción del otro porque te de miedo adentrarte en la tuya propia.

Por último, pero no menos importante:

Si en algún momento ves señales peligrosas en las personas que están viviendo un proceso de duelo como:

  • Intento de hacerse daño.
  • Tristeza constante, marcada y duradera a lo largo del tiempo.
  • Abulia, o sea que esta persona deja de hacer su vida normal o deja de hacer las cosas que le interesaban, por mucho tiempo.
  • Dejar de ingerir alimentos.
  • Conductas destructivas.

Es importante que la motives a buscar ayuda, ya que probablemente esté necesitando la ayuda de un profesional. Sin embargo no te asustes, que la situación te mueva a la acción y no al temor. ¡Vamos que sí se puede!