ADVERTENCIA
Quiero recordar a mis lectores que esto es mi más sencilla opinión, no tienes que estar de acuerdo con ella, siéntete libre para tomar tus propias posturas.
En el escrito de hoy quiero hablar de un tema que es controversial para muchas personas, sobre todo para los cristianos: la homosexualidad.
Mi vida está llena de homosexuales, estoy rodeada de ellos desde siempre y eso me encanta #podermaricaenaccion. De una u otra forma siempre me he sentido muy conectada a pesar de que soy casi completamente heterosexual, ya que tengo un 3% gay que le pertenece a Anne Hataway, La China Suarez y Scarlet Johansson (las amo).
Un día un amigo hizo alusión a este tema y me dijo algo así como que ¿por qué yo nunca les había hablado a mis amigos “gays” de Dios? y yo le pregunté que por qué pensaba que yo no les había hablado de Dios, y él me respondió: porque siguen siendo gays, si les hubieras hablado de Dios ya hubieran cambiado. Yo me quedé con la boca abierta y como diría un amigo: “en unta y sinta” (en un tacón y sin tapita) no podía creer este nivel de pensamiento del cristiano promedio, como si ser gay fuera sinónimo de nunca haber escuchado de Dios. La realidad es que las cosas son mucho más profundas que esto.
El mundo homosexual es bastante complicado y he tenido la oportunidad de ser invitada a vislumbrar un poquito de él y Dios mío ¡que complicao que es tía! además de las complicaciones generales de relacionarte románticamente con las personas de tu mismo sexo, que créanme, no es nada fácil; está también el hecho de que los gays han tenido que luchar toda su vida con el hecho de ser rechazados por la iglesia y amenazados con el hecho de que no van a ir al cielo (que para empezar no es al cielo que vamos a ir, el cielo es de Dios, al cielo no va nadie) y los que no han sido rechazados se han convertido en el proyecto psicológico de muchos quienes buscan cambiar la forma de pensar de los gays y tratar de convencerlos para que cambien su estilo de vida.
Una de las frases más comunes que he escuchado decir de los cristianos es: “pero si yo no le digo nada soy partícipe de su pecado” o, “Dios ama al pecador pero no al pecado”, y una variante de la primera: “Hay que amar a los homosexuales, pero no ser partícipe de lo que Dios aborrece”, no sé si las personas que dicen estas palabras se dan cuenta de lo egocentristas que suenan al decirlas, pero yo les hago una pregunta: ¿quién carajos los está invitando a ser parte de la vida homosexual? Yo tengo años siendo amiga de muchas personas homosexuales (mujeres y hombres) y créanme, ni una sola vez me han motivado a serlo, nunca me han invitado a hacer un trío con ellos y ¡ni siquiera a una marcha del orgullo gay! ¿Es muy difícil dejar de sonar tan religiosos y aprender a ser parte de la vida de personas que no tienen nuestras mismas creencias?
Pero, a todas estas ¿En que se basan las personas religiosas para condenar la homosexualidad?
Pues en este versículo:
¿No se dan cuenta de que los que hacen lo malo no heredarán el reino de Dios? No se engañen a sí mismos. Los que se entregan al pecado sexual o rinden culto a ídolos o cometen adulterio o son prostitutos o practican la homosexualidad o son ladrones o avaros o borrachos o insultan o estafan a la gente: ninguno de esos heredará el reino de Dios.
1 de corintios 6:9-10
Pongámonos en contexto: para comenzar quiero decir que quien escribe esto es el señor Saulo De Tarso, mejor conocido después como Pablo, discípulo de Jesucristo y se lo escribía a LA IGLESIA. No era una carta escrita al mundo entero, era una carta que pablo le escribió a una iglesia que quedaba en Corinto, y la escribió porque le comenzaron a llegar cuentos de un montón de problemas que se estaban presentando en la iglesia, empezando por que se la pasaban agarrados de los pelos de conflicto en conflicto.
Corinto era una ciudad cosmopolita llena de lujos y excesos (una suerte de las vegas) ubicada en el centro de Grecia. Por su posición geográfica y política poseía una vida comercial y espiritual muy activa y diversa. Sus pobladores eran politeístas y tenían cultos de adoración a diversos dioses. Los miembros que en ese momento conformaban la comunidad eclesiástica tenían diferentes culturas y creencias, y por eso tenían grandes problemas en ponerse de acuerdo en cuanto a lo que a Dios le agradaba, además de que muchos de los integrantes eran judíos, los cuales se guiaban por la Torá y los 613 mitzvot, que son los mandamientos que contienen las leyes y estatutos de Dios sobre cómo vivir la vida. Pero además también había griegos, italianos y romanos, cada uno con sus creencias; o sea que era una mezcolanza bastante particular.
¿Sabes qué caracterizaba a la iglesia de Corinto?
Que eran una iglesia muy letrada y con mucho conocimiento pero les faltaba amor. De hecho 1 de corintios 13 que es un capítulo de la biblia muy usado en las bodas porque habla del amor verdadero, fue escrito para estas personas. Una iglesia enceguecida de conocimiento, llena de ego, y preocupada por quien era el más importante entre ellos. Enfocada en las apariencias y no en el corazón de la gente, en lo que de verdad sentían, en quienes eran realmente. Tenían muchísimas cosas ocultas entre los miembros de la iglesia, mentiras, sexo, adicciones, peleas, envidia, celos, robos… Perdón me perdí, ¿estoy hablando de la iglesia de Corinto o de la actual? la realidad es que toda institución que tenga humanos como miembros, está destinada a luchar con millones de cosas típica de los humanos. Y si continuamos con esas posturas radicales y llenas de religiosidad, estamos bastante lejos de ser una esperanza para el mundo.
¿Carla, estás diciendo entonces que estás a favor de la homosexualidad?
No, no puedo estar a favor o en contra de algo que no es parte de mi vida, que no vivo en carne propia y no conozco. ¡Mucho menos a favor o en contra de algo que no está siendo objeto de votación! Lo que estoy tratando de decir es que en el mismo lugar en donde dice que los homosexuales no heredaran el reino de Dios, ahí en las letritas de al lado, en el mismo saco de pecados está también el adulterio, la avaricia, los que insultan a las personas, el robo, la estafa, y déjenme recordarles, por si no se sienten identificados con ninguno de estos pecados que en otros versículos se habla de la mentira, los celos, el egoísmo, que es algo en lo que todos hemos caído alguna que otra vez al menos, así que estamos todos al horno con papas fritas.
Lo verdaderamente importante es que nadie tiene la potestad de mandarnos al infierno, y el único que la tiene ha elegido ofrecerse él como un puente entre nuestro pecado y Dios y de esa forma podamos acceder al padre, tal como somos, así torcidos, con nuestra personalidad única y diferente, con la cara y el pelo que tenemos, con los pensamientos lujuriosos, fumando, bebiendo, mintiendo; el promete amarnos y reparar las áreas de nuestro corazón que estén dañadas.
El problema siempre ha sido que pensamos que el pecado del otro es peor que el propio y ¡sorpresa! no es así en lo absoluto y es esta conducta la que ha mantenido a muchos cristianos gays en el closet de la vergüenza, fingiendo, y viviendo una vida de lucha y condenación, simplemente para no ser el foco del dedo acusador de sus hermanos.
La palabra de Dios es para aquel que esté interesado en conocerla y cumplirla, no es una piedra para pegarle a la gente, no es un látigo para amenazar, ni un telescopio para buscar los defectos ajenos. Es un espejo donde puedo acercarme y ver que debo trabajar YO en mi vida, no que quiero que trabaje el otro en la suya. Si hay un versículo que te causa más ruido que otro es porque es PARA TI, no para los demás.
Entonces ¿qué haremos antes de mandar a las personas al infierno?
¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.
Mateo 7:5
Gracias Señor Mateo, nada más que decir.
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