Me quedé esperando a que fluyera la musa en tus poemas,

y aunque fueran tristes,

encontrarme allí,

jugando a la casita en tus mejores fantasías.

A que salieras de tu escondite

y al fin te mostraras

a que en medio de mis imperfecciones me amaras.

Me quedé esperando

que en aún en medio de tus confusiones cotidianas

te dieras cuenta que mi amor por ti

siempre estuvo en llamas.

Pero tú,

con tus idas y venidas,

tu inseguridad tan impropia de tu inmenso ego,

tu poca capacidad para amar,

los temores que te arman y desarman entero,

los descocidos de tus amores rotos,

las ruinas de tu perfeccionismo antiguo

que erige monumentos a lo irreprochable y apolíneo.

Decidiste hacer oídos sordos a esta llamada de emergencia

que gritaba cada latido de mi ser incompleto.

Tú, con esa forma tan caótica que tienes

de mirar la vida y desvivirla,

al tiempo que vas mintiéndole a todos

con tu lengua embustera y profana.

Diciendo que todo está bien

cuando en tus ojos se ve

la desgracia que te inunda,

tus muros que huelen a derrumbe y catástrofe.

cuando yo,

que te conozco sin cabida a la menor duda

se la verdad que trata de ocultar el temblor de tus manos vacías.

Tu amor fue como jugar a la ruleta rusa

con un arma sin balas;

no había forma de perder,

pero aún asi

no gané nunca,

y aun no logro superar

el olor a pólvora que me dejaron tus huidas

Fuiste como ese niño

que gritaba ¡Lobo lobo!

y cansada de no ver más

que tus garras a la defensiva

tratando de protegerte,

deje de creer en cuentos de hadas

y comencé a usar tus pieles para adornar mi cabeza.

Odio el frío que dejan tus tormentas torrenciales,

ese silencio hondo que precede a una gran tragedia.

Me descolocan tus olas

que solo me lanzan a islas desiertas,

donde siempre te encuentro triste

y desorientado en mitad de la nada,

con tus ojos ausentes y tus labios mustios,

esperando a ser salvado

pero sin querer soltarte de la miserable tabla

en que reposa tu cuerpo inerte.

Como siempre yo te he arrastrado a todas mis orillas posibles,

Te vestía de seda mientras pintaba mis labios de carmín

y hacia una fiesta para tu alma herida,

porque eso aprendí,

porque eso me has enseñado.

Debo confesarte que no logro reconocerme

cuando alcanzo a recuperar mi pasado

y te veo allí,

en ese lugar junto a mi pecho que ya no es tuyo,

caminar a tus anchas como si te perteneciera

creyéndote amo y señor de mis adentros

cuando hace mucho que ya dejaste de ser el dueño de las calles de mi alma.

Dicen que un cobarde es quien siempre tiene miedo,

pero en mi inocencia creo

que tu mayor acto de cobardía,

fue verme allí, desnuda,

con un hueco en mi pecho que lleva tu nombre,

y ni siquiera intentar tocarlo.

solo llenarlo de vacío y correr tus ojos de pena para no ver al pobre.

Hoy puedo ver con orgullo mis cicatrices

y mirarme entera en todo lo que falta.

Ya no espero cosas imposibles

pues otros amores me llenaron el cuerpo de posibilidades

y en mi intento de cocerme el alma a costurones

he inventado una vida mejor.

una donde no te mire en mis noches vacías,

donde no le tengo miedo a mis fantasmas personales,

y sobre todo,

donde no me quede esperando… TE